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| Bolivia-Ecuador el Estado contra el pueblo indio Por:Raúl Zibechi |
| La CONAIE contra Correa |
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“Son gringuitos que ahora vienen en forma de grupitos en ONG. A otros con ese
cuento. Esta gente ya tiene la pancita bien llena”, dijo el presidente de
Ecuador, Rafael Correa, al referirse a los manifestantes que pertenecen a la
Confederación de Nacionalidad Indígenas del Ecuador (CONAIE).
Al
parecer los presidentes de ambos países pasaron por alto que están usando los
mismos argumentos de sus enemigos, cuando acusaban a los movimientos sociales
de formar parte de la “subversión comunista internacional” o de estar
financiados por el “oro de Moscú”. Dos errores en uno: creer que los indios pueden
ser manipulados, y que lo son desde fuera del país. No es extraño que hayan
sentido las afirmaciones de sus presidentes como agravios que buscan desviar la
atención de los verdaderos problemas.
Puede
ser cierto, como afirmó el vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, que
la agencia de cooperación de Estados Unidos, USAID, está infiltrando algunos
movimientos sociales para que se manifiesten contra el gobierno. Aseguró que de
100 millones de dólares que invierte USAID en su país, 20 se usan en gastos
técnicos y el resto “para sus amigotes, para su clientela política, patrocinando
cursos, publicaciones y grupos que promueven conflictos”.
Las
organizaciones sociales involucradas rechazaron estar financiadas por USAID,
pero lo que más llama la atención es que se haga esa crítica justo en el
momento en que realizan movilizaciones contra el gobierno y no antes. El primer
ministro de Hidrocarburos del gobierno de Evo, fue más lejos y le recordó al presidente
que debe explicar porqué permitió que USAID, el Banco Mundial y ONGs europeas
diseñaran el Estado Plurinacional vigente. En efecto, “USAID financió en 2004
la Unidad de Coordinación para la Asamblea Constituyente”, además de otras
actividades oficiales.
La
marcha indígena en Bolivia El 17 de junio se concentraron centenares de
indígenas de tierras bajas en Trinidad, capital del departamento del Beni, a
unas cinco horas de Santa Cruz de la Sierra. Su intención era realizar una marcha
de 1.500 kilómetros a pie hasta La Paz, ascendiendo desde las regiones
selváticas hasta los cuatro mil metros. La Confederación de los Pueblos Indígenas
de Bolivia (CIDOB) que reúne a 34 naciones del oriente organizados en once
regionales[5], convocó a los marchistas siendo
apoyados por el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ).
Estas
son dos de las cinco principales organizaciones indígenas que en 2006 formaron
el Pacto de Unidad durante la Asamblea Constituyente, y hasta ahora eran un
sólido apoyo al gobierno de Evo Morales. Las otras tres, la poderosa
Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, la Confederación
de Comunidades Originarias de Bolivia (CSCB) y la Federación de Mujeres de
Bolivia Bartolina Sisa, siguen apoyando al gobierno.
Desde
principios de año la CIDOB venía negociando con el ministro de Autonomías,
Carlos Romero, la Ley Marco de Autonomías llegando al consenso en 50 artículos
mientras en otros trece había diferencias.
Los
puntos en desacuerdo fueron básicamente dos: los pueblos indígenas reclamaban
que los acuerdos se aprobaran por usos y costumbres mientras el Estado exige
referéndum. El segundo se refiere a los territorios indígenas que traspasan los
límites departamentales, ya que los pueblos piden que las autonomías traspasen
esos límites.
En el
fondo se trata de una cuestión de soberanía: los pueblos de tierras bajas
exigen que las comunidades tengan capacidad de vetar los emprendimientos que
afecten a sus territorios, en particular las concesiones mineras e
hidrocarburíferas, y que los asientos en la Asamblea Plurinacional se eleven de
siete a 18. Iniciada la marcha el gobierno decidió negociar por separado con
algunas regionales de CIDOB para dividir al movimiento. Por ese motivo, la
marcha que partió de Trinidad el 22 de junio se detuvo días después en Asunción
de Guarayos, a 400 kilómetros de Santa Cruz, donde una delegación oficial llegó
a un acuerdo de ocho puntos con CIDOB.
La
segunda estrategia del gobierno fue lanzar indios contra indios. Evo Morales
acudió a una asamblea de los seis sindicatos de cocaleros que repudiaron la
marcha de CIDOB y se mostraron dispuestos a impedirla[8]. El ex vocero del gobierno, Alex Contreras Baspineiro,
apuntó que “antes de encontrar una solución pacífica y concertada, el gobierno
comenzó una campaña mediática millonaria para tratar de desacreditar la
movilización indígena[9]. “En cinco años de
gobierno, nunca se había visto este tipo de división y menos las amenazas de
enfrentamiento”, agregó.
La
tercera fue la difamación, al acusarlos de estar financiados por USAID. Por eso
el presidente de CIDB, Adolfo Chávez, no sólo rechazó la acusación y recordó
que los marchistas tienen problemas de alimentación y medicamentos, sino que
desafió al gobierno: “Retamos al gobierno a que expulse del país a la USAID y
veremos quienes son los afectados”.
Contreras
es un reconocido periodista social boliviano que acompañó la I Marcha Por el
Territorio y la Dignidad, en 1990, que supuso el comienzo de la recomposición
de los movimientos en pleno período neoliberal. Por su compromiso y su especial
cobertura de las marchas indígenas fue homenajeado por los principales medios
del país. En esa marcha que se inició también en Trinidad conoció a Pedro Nuni,
representante del pueblo mojeño y ahora diputado del MAS, quien le dijo que
“algunos ministros del gobierno indígena nos están haciendo enfrentar a
indígenas contra indígenas”.
Uno de
los resultados de la marcha es que el gobierno perdió su mayoría de dos tercios
en el parlamento (111 votos sobre 166), ya que ocho diputados indígenas
decidieron alejarse del MAS (Movimiento al Socialismo). En suma, Contreras cree
que si el gobierno persiste en no negociar puede estar en peligro la propia
gobernabilidad del país. Por eso cree que no hace falta “un enfrentamiento
entre organizaciones indígenas, ni la satanización de algunos dirigentes”, sino
sobre todo negociar y “rescatar un pilar de este proceso de cambio: la cultura
de la vida, de la paz, del diálogo y la concertación social”.
Sin embargo, el gobierno rechazó las principales demandas de la CIDOB, argumentando que si lo hiciera violaría la Constitución. El ministro Romero argumentó que algunas de esas demandan “no respetan los derechos de todos los bolivianos”, porque sólo benefician a ese sector, y que no se les puede dar a los pueblos mayor representación que el porcentaje de población que representan en el país.
La CONAIE contra Correa


















